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Un día de julio en el Hotel Los Ángeles…

Un día de julio en el Hotel Los Ángeles…

8:20h. ¡Arriba!

No somos especialmente madrugadores, pero nos alegra sacarle partido a la espléndida mañana. Además, las niñas son dormilonas pero están excitadas por la novedad y no aguantan en la cama. La mamá –por fin este año la convencimos para que se viniera- es la que antes se levanta. Ya nos dijo anoche que hoy nos encontraríamos “por bajo”.

9:00h. Desayuno.

¡Qué placer! ambiente relajado en la zona del bufé. El café con leche caliente y cargado. La bollería está tentadora pero hoy sucumbimos a otro capricho: el pan con mantequilla. Y un poco de revuelto, salmón y fruta. La mamá se deja mimar por sus nietas, que la obsequian con un huevo duro, coca de llanda, y zumo de naranja natural. “Ya no me traigáis más, que la abuela no come tanto”. Le cae la baba, claro.

10:00. Piraguas.

Queríamos probar las piraguas y con el mar en calma, sacamos dos con la ayuda de Gervasio Carril, socorrista del hotel. Desde luego, no nos hemos alejado como para oír cosas como “¿Aquí hay tiburones?” y el tono peliculero llega a su clímax cuando balanceamos la embarcación y les entra la risa nerviosa. Con grandes aspavientos, caen al agua.

Disfrutar de la excelente playa del Hotel Los Ángeles Denia es uno de los grandes atractivos de las vacaciones

11:30h. Playa.

Tumbona, sombrilla y relax.  Buscar pechinas –les gustan todas: las devolveremos con discreción el último día- y observar: el trajín de cada familia, las parejas, los acentos extranjeros que convierten la playa en una Torre de Babel contemporánea. Tentempié para almorzar y una botella de agua fresca por cabeza que nos traemos del chiringuito.

13:00h. “El Montgó”

Remoloneamos por esta habitación espaciosa que guarda su encanto intacto incluso ahora, con bañadores y toallas por encima de las camas, las maletas abiertas y sus juegos repartidos con precisión matemática. Cada dos palmos, uno. “¿Queréis volver…?” Caras de espanto y “¡Ya lo recogemos!” Llaman a la puerta. “Abueeela ¡Ven, mira!”

14:30h. La pérgola.

El aperitivo desaparece en pocos minutos (el mar da mucha hambre). Nos dejamos aconsejar y sí, probaremos un asado. Espectacular. El binomio de carne y cocinero argentino es muy poderoso. Hablamos sobre los planes de la tarde. La mamá ríe a carcajadas: “No me lo pierdo. Yo os haré fotos”. Las niñas corren a por helados y juegan con una amiga que hicieron ayer en la gymkana. Cuando ven nuestro sorbete de mandarina y naranja… lo tienen que probar.

15:55h. ¡Sorpresa!

Tras arduas negociaciones la mamá aceptó el regalo: dos horas en el gabinete de belleza. Puede hablarlo con Esther Ivars si prefiere modificar el tratamiento. Nosotros nos vamos a la habitación, a leer, siest.. ¡Ah, no! Que si bajamos a la sala de estar a jugar al parchís. Resignación, y complicidad. Antes sucumbirán esta noche a los brazos de Morfeo.

19:00h. Un poco oxidados

Por poco llegamos tarde a la clase de tenis con Loren Álvarez. La tarde ha volado. La fotógrafa aparece radiante y feliz. “¡Qué manos tiene. Lo tenía que haber hecho antes! Bueno, va, vosotros a correr, que sois jóvenes”. ¿Hacia dónde mira?

20:30h. Más mar

Era uno de los placeres que quedaba pendiente estas vacaciones. Bañarse bien entrada la tarde. Y viene fenomenal después del (¿Cómo llamarlo?) peloteo al que hemos sobrevivido con dignidad porque un santo con vocación de tenista nos animó hasta el último aliento. Y en las tardes de invierno, siempre podremos ver las fotos. Mejor que una comedia de la tele, seguro. Las niñas se regodean recordando los momentos “top”. Están creciditas.

22:00h. Felices

Cena en la terraza. La coca de dacsa con rape es una delicia. La brisa y el rumor del mar son adictivos. No nos iríamos nunca. Languidece la conversación y la mamá se sube a las niñas a la habitación. “Están agotadas y yo también. Si me encontráis durmiendo…” Pues no, apenas se han acostado cuando llegamos. Besos de buenas noches. “Nos vemos para el desayuno.” Si supiera lo que hemos planeado para mañana…